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La gata sobre el tejado de zinc sigue siendo una película estupenda

La gata sobre el tejado de zinc sigue siendo una película estupenda La gata sobre el tejado de zinc caliente dirigida por Richard Broocks e interpretada por Elizabeth Taylor y Paul Newman sigue siendo una película estupenda. No en vano le otorgaron el oscar en 1958. Basada en una obra de Tennesee Williams, posee unos diálogos estupendos, quizás demasiado teatrales. Por otra parte, ver a estos dos actores en escena ya es de por sí un regalo. La obra relata la celebración de un cumpleaños en casa de un hombre ya mayor, hecho a sí mismo y enormemente rico que padece una enfermedad terminal que su familia le ha ocultado. Sus dos hijos: Gooper, abogado y buen hijo, casado con Mae y con una gran prole esperan el fallecimiento para hacerse cargo del negocio; y Brick (Paul Newman), que por supuesto está casado con Elizabeth Taylor (Maggie), ex jugagor de futbol americano y borracho con una mala relación con su pareja, representan dos polos opuestos. El abuelo, convencido de que no está enfermo, ha decidido llevar una vida distinta, enfrentarse a la mentira edulcorada e hipócrita que es su familia y su vida (la mendacidad -¡menuda palabrita!- que tanto detesta), pero el dolor y la verdad soltada por Bridk en una discusión le harán comprender que ya es demasiado tarde. Lo que más me gusta -filosóficamente hablando- es la sensación de agobio que puede significar la mentira, la hipocresia y las buenas formas sociales y familiares en la que vivimos o nos vemos enredados y también lo difícil que es vivir en la verdad o, por lo menos, no querer vivir engañado. De verdad, que es una película excelente.

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